Tomemos un caso concreto. Una marca porteña, de esas que compiten en un mercado voraz, donde cada posteo puede ser un plato que abre puertas o uno que cierra la cocina. Esta marca decidió confiar su comunicación a una profesional de 57 años, Licenciada en Artes Multimediales, con trayectoria en gráfica, audiovisual, branding y marketing digital. El resultado: crecimiento sostenido, estética coherente, contenidos con narrativa, campañas pensadas, y una comunidad que interactúa porque siente que detrás hay criterio, sensibilidad y disciplina.

¿Por qué pasó? Porque la comunicación de una marca no depende de la edad, sino de la capacidad profesional de leer contextos, construir mensajes y sostenerlos en el tiempo.

Hoy, quien administra redes no solo programa posteos:

  • Diseña piezas gráficas que transmiten identidad.
  • Crea videos con lógica de storytelling.
  • Escribe guiones que ordenan ideas y convierten emociones en mensajes.
  • Construye marca desde el branding y el posicionamiento.
  • Piensa estrategias de marketing digital que articulan tráfico, pauta, objetivos y conversión.
  • Aplica criterios periodísticos para jerarquizar información, detectar oportunidades y comunicar con precisión.

Sin esa mirada integral, una marca:

Habla pero no significa.  

Publica pero no conecta.

Está pero no impacta.

Y acá llega la parte incómoda que muchos prefieren evitar:
las empresas deben valorar a quienes sostienen su comunicación.

No es “Alguien que sube cosas”.
No es alguien “que usa Instagram”.
Es una práctica profesional completa, interdisciplinaria, que requiere formación, creatividad experiencia, criterio, sensibilidad estética y capacidad narrativa.

La profesional de 57 años que lleva adelante esa cuenta no solo logra resultados: demuestra que la experiencia no compite con lo digital, lo potencia.
Que haber vivido más mundos permite contar mejores historias.
Que la madurez aporta precisión, estabilidad y estrategia.
Y que desvalorizar a quienes suman décadas de conocimiento no es solo injusto: es un lujo que ninguna marca puede darse.

El futuro de las marcas no está en la edad de quien comunica, sino en la calidad de su mirada.

Por suerte, todavía hay marcas que eligen experiencia en lugar de prejuicio.