
Con su mirada poética y su temple de maestro, Paolo Sorrentino aterriza en la Ciudad para compartir su arte en primera persona.
Una visita que transforma a Buenos Aires en escenario, inspiración y territorio cinematográfico, donde realidad y belleza se entrelazan como en sus películas.
Crédito: Foto de Gianni Fiorito. Agradecimiento especial a la producción por su gentileza.
El inconfundible Paolo Sorrentino llegará a Buenos Aires para ofrecer una master class única el sábado 29 de noviembre a las 16 hs en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín. El acceso será por orden de llegada, un detalle que anticipa lo evidente: la convocatoria promete desbordar como una de sus puestas barrocas.
Lejos de limitarse al encuentro académico, la visita del director italiano se expandirá hacia la calle, donde su cine siempre encuentra nueva vida. Esa misma noche, a las 00:30, se proyectará “Fue la mano de Dios” en la esquina de Corrientes y Talcahuano, transformando el corazón de la avenida en una sala a cielo abierto. Una experiencia inédita: un Sorrentino íntimo y confesional compartido en comunidad, en uno de los epicentros culturales de la ciudad.
Con estas actividades abiertas al público, Buenos Aires reafirma su vocación cinéfila y su deseo de diálogo con los grandes nombres del cine contemporáneo. No se trata sólo de acercar la obra de Sorrentino a los espectadores locales: es un gesto de integración entre la industria audiovisual porteña y una de las figuras más singulares del panorama internacional, un puente entre la mirada autoral y la vitalidad urbana que alimenta toda creación cinematográfica.

Paolo Sorrentino (Nápoles, 1970) es uno de los autores esenciales del cine contemporáneo. Formado en la tradición italiana pero impulsado por una mirada profundamente personal, construyó una obra que oscila entre la belleza, la melancolía y lo sublime. Desde sus primeros trabajos —como Las consecuencias del amor— hasta su consolidación internacional, Sorrentino ha explorado la fragilidad humana, la memoria y el deseo con un lenguaje visual inconfundible: exuberante, poético, a veces irónico, siempre profundamente cinematográfico.
En 2013 alcanzó su consagración global con La grande bellezza, filme que lo convirtió en heredero de la sensibilidad felliniana y que le valió el Premio Óscar a Mejor Película Extranjera, además de numerosos reconocimientos europeos y latinoamericanos. Alterna el cine con la televisión —The Young Pope y The New Pope— y continúa expandiendo su universo con obras íntimas, como Fue la mano de Dios, donde retoma su propia adolescencia en Nápoles.
Sorrentino es, hoy, una voz singular: un narrador que filma el misterio, la decadencia y lo sagrado escondido en lo cotidiano, y que ha transformado la belleza en una forma de resistencia.

