El burnout es un proceso de respuesta múltiple a un estrés crónico caracterizado por cansancio físico, psíquico y emocional. En su fase inicial, el síndrome suele ser tan silencioso que pasa desapercibido.  Sin embargo, cuando se instala, la mejoría demora en llegar, por eso es muy importante prevenirlo. Un buen estado de resiliencia, un compromiso auténtico con la tarea y una genuina vocación por lo que se hace son factores protectores frente a este problema.

La vigencia del burnout               

En las últimas décadas, el burnout (estrés laboral) ha sido objeto de numerosas investigaciones y comenzó a ser considerado una preocupante problemática padecida por aquellos que se dedican a profesiones como: docencia, atención de pacientes psiquiátricos, enfermería, asistencia social, periodismo u ocupaciones que exigen permanente atención a las necesidades de terceros, como el caso de los policías, bomberos, trabajadores de la administración pública, choferes de colectivos, maquinistas, etc.

Posibles causas generales del burnout:

-Expectativas desmesuradas

-Pobre autocontrol de las situaciones estresantes.

-Relación compleja con colegas, empleadores o empleados.

-Jornada laboral “Interminable” (tener el hábito de continuar trabajando desde el hogar incluso los feriados)

 -Remuneración económica inadecuada a la formación, función y responsabilidades asumidas.

– Mal clima laboral.

-Permanencia en una labor poco gratificante durante largos períodos de tiempo

-Confusión  entre lo privado y lo profesional.

-Dificultad para establecer prioridades.

-Asertividad insuficiente.

-Ambigüedad en el rol desempeñado.

-Falta de oportunidades de crecimiento.

-Sentimientos de insatisfacción ante el resultado del propio desempeño.

Síntomas generales que, al combinarse entre sí, se asocian al Burnout

-Pérdida progresiva de la empatía

-Insomnio

-Dificultad para tomar decisiones

-Distracción

-Tendencia a accidentarse

-Aburrimiento

-Deterioro en las relaciones interpersonales

-Sentimientos de frustración e impotencia

-Dolores musculares

-Mareos

-Trastornos digestivos, respiratorios y circulatorios.

-Variaciones de peso

-Infecciones

-Afecciones en la piel

Empatía y prevención del burnout

El burnout surge de las discrepancias entre las expectativas ideales de un trabajador y los excesivos niveles de exigencia (o auto exigencia) que enfrentan en su tarea cotidiana.

Este fenómeno conlleva múltiples manifestaciones psicosomáticas, conductuales y emocionales que pueden afectar la capacidad de ponerse en el lugar del otro, conocida como “empatía”.

Sin duda, la empatía es esencial para quienes trabajan en contacto constante con otras personas, de modo que la aparición de este síntoma representa un obstáculo insalvable en dicha tarea.  Por ello, es conveniente estar atentos a los síntomas de desgano, rechazo o desinterés relacionados con el trabajo y no esperar a que el cuadro se agrave para consultar.

Es más fácil prevenirlo si intentamos:

-Reinterpretar los hechos que nos afectan, tratando de evaluarlos desde perspectivas diferentes.

-Acordar cuáles son nuestras responsabilidades y permitirnos poner un límite cuando las exigencias (muchas veces auto exigencias) resultan desmedidas.

-Reservar momentos de introspección para comprender cuál es nuestra conducta frente a las contrariedades: ¿huida?, ¿evasión?, ¿desinterés?, ¿control de las emociones?

-Detectar cuáles son las situaciones que nos estresan y ordenarlas de mayor a menor, de acuerdo al grado de estrés que nos generan.

-Registrar el modo en que interfieren en nuestro bienestar, teniendo en cuenta diversos niveles: emocional, corporal, cognitivo y relacional

-Generar espacios que favorezcan el intercambio entre colegas o pares.

-Reconocer las sensaciones que nos provocan: angustia, cansancio, inseguridad, mal humor, tristeza, remordimiento, enojo, etc.

-Establecer criterios y prioridades.

-Planificar el tiempo y organizar el trabajo en función de dichas prioridades.

-Plantearnos objetivos factibles.

-Recurrir al  humor para superar situaciones de tensión.

-Tomar un rol activo y protagónico frente a las complicaciones.

-Afianzar las redes de contactos con los compañeros de trabajo y construir con ellos un espacio de sostén emocional recíproco.

-Concebir cada obstáculo laboral como una nueva oportunidad.

-Admitir las diferencias entre el modelo de ámbito laboral ideal que imaginamos y el real.

-Detectar pensamientos automáticos negativos.

-Desafiar creencias limitantes como “este trabajo es muy difícil para mí”, “no puedo hacerlo”, etc.

-Realizar ejercicios para controlar la respiración y relajar el cuerpo.

-Capacitarnos para adquirir herramientas cognitivas que favorezcan la toma de decisiones y la solución pacífica de conflictos.

-Aprender a delegar

-Convertirnos en promotores de la salud –tanto propia como ajena- a través de actitudes de auto-cuidado y el intercambio de consejos saludables entre colegas.

-Revalorizar la vocación que dio lugar a la elección de la profesión u ocupación ejercida.

 Resiliencia: ¿la mejor estrategia para prevenir el burnout?

El enfoque de resiliencia  -habilidad para construir a pesar de la adversidad- puede ser un gran aliado a la hora de prevenir el burnout, dado que lejos de centrarse en la enfermedad, el daño, el trauma, el estrés, las emociones negativas o las carencias, hace hincapié en las fortalezas y las potencialidades de cada uno.

En los talleres de promoción de resiliencia -personal y organizacional- que llevo a cabo en diferentes ámbitos desde hace una década, insisto en que “no se trata sólo de estar bien, sino de vivir bien, en armonía con quienes nos rodean”.

El “Buen vivir” es una visión del mundo centrada en el ser como parte de un entorno natural y social en el que  “cada uno es visto como un ser humano universal y particular a la vez”.  Este principio (que los guaraníes llaman el tekó porã) busca desarrollar las potencialidades humanas en un ambiente solidario, equitativo y de reciprocidad. Para lograrlo se necesita compromiso social y fortaleza ante las situaciones adversas.

Todos –niños, adolescentes y adultos- necesitamos contar con, al menos, un tutor de resiliencia.  Es decir, una persona significativa capaz de aceptar incondicionalmente y valorar las diferencias que nos hacen únicos. Las columnas en las que se apoya la resiliencia son: Introspección, independencia, relación con otros, iniciativa, humor, creatividad, moralidad y autoestima consistente.

Integrar el enfoque de resiliencia como parte de los planes de estudio en la formación profesional ayuda a cada futuro graduado a:

-Fortalecer sus propios pilares resilientes

-Prevenir el malestar ocasionado por el burnout

-Promover el buen vivir

-Estar preparado para convertirse en tutor de resiliencia de otras personas

-Y renovar, día a día, el sentido de su labor.

Lic. Silvia Gabriela Vázquez

Directora Diplomatura Int. en Responsabilidad Social y Resiliencia (UdeMM)

Sec. Académica Red Latinoamericana de Profesionales de la Orientación

La Lic. Silvia Gabriela Vázquez, autora del presente artículo, invita a reflexionar sobre estos y otros temas en su último libro “Formar profesionales competentes, comprometidos y resilientes” Editorial Académica Española en el siguiente link:

https://www.eae-publishing.com/catalog/details//store/es/book/978-3-639-53164-0/formar-profesionales-competentes,-comprometidos-y-resilientes

E-mail: gabpsp2013@gmail.com

https://www.linkedin.com/in/licsilviagabrielavazquez/