Investigaciones experimentales permitieron demostrar que el acto motor cerebral precede al momento en que la persona siente la necesidad de llevar a cabo tal o cual hecho. Dicho de otro modo: primero tiene lugar lo que puede denominarse una actividad preparatoria del cerebro y recién después – hasta fueron medidas diferencias de medio segundo – aparece en la consciencia de la persona la decisión de realizar el acto. Hallazgos de esta índole llevan a suponer que las decisiones humanas podrían estar predeterminadas por la interacción de las moléculas que conforman el cerebro.

Otros estudios, realizados con neuroimágenes, constatan que el cerebro toma la decisión de – por ejemplo – apretar un botón entre varios posibles, hasta siete segundos antes de que la persona tomara la decisión consciente de hacerlo. Pareciera así que lo que denominamos “decisiones conscientes” no serían más que el resultado de una determinación previa cerebral. Esto es lo mismo que afirmar que cada acontecimiento que ocurre en la vida humana – y que, imaginamos, producto de una decisión racional consciente – no es otra cosa que el resultado de un conjunto de reacciones físicoquímicas.

Si fuera de ese modo la libertad humana no sería más que una ilusión de cumplimiento imposible. Definiendo libertad como aquella acción que la persona realiza sin ningún tipo de condicionamiento fuera de la deducción racional que le permite efectuar una elección a consciencia plena. Esgrimiendo esta legítima definición de “libertad” podemos concluir rápidamente que la misma es inaccesible al humano en general. Agregar, a la vez, que la búsqueda de esa “Libertad” con mayúsculas ha sido el propósito de aquellos que en la antigüedad formaron sociedades secretas – las llamadas ordenes iniciáticas o escuelas de sabiduría – intentando un pasaje de regreso a los Tiempos Primordiales que todos los libros sagrados relatan como el momento en que el humano estaba capacitado para el ejercicio de aquella añorada Libertad.

Habida cuenta de lo reseñado, lo que se mantiene como hecho concreto es la capacidad que el humano tiene para ejercer su “libre albedrío” que es una escala bastante menor que la Libertad.

Puede definirse al “libre albedrío” como la habilidad para elegir, a través de la consciencia, una opción entre varias otras. Lo que implica que el libre albedrío no permite una elección absolutamente libre sino acotada a una determinada gama de posibilidades. Y esto es así por que también la moderna Psicología de lo Inconsciente surgida a comienzos del Siglo XX con el Psicoanálisis de Sigmund Freud y las amplificaciones realizadas por su discípulo disidente el sabio suizo Carl Gustav Jung ha demostrado que las decisiones conscientes siempre están sustentadas (o sutilmente conducidas) por los contenidos de lo inconsciente.

La consciencia es, pues, una herramienta muy precaria si lo que se busca es darse permiso para una vida mejor. De allí que toda propuesta para indagar tanto en lo inconsciente personal como en lo que Jung denominó “inconsciente colectivo” (ese estrato psíquico donde moran las estructuras arquetípicas que hacen a la esencia de la Humanidad) se torna ineludible. Tanto los rituales chamánicos como las técnicas arcaicas del éxtasis – expuestas por Mircea Eliade – las ceremonias iniciáticas, la práctica de estados alterados de consciencia así como los distintos abordajes psicoterapéuticos sin dejar de señalar las vivencias místicas o esotéricas son caminos posibles para este encuentro con las fuerzas intrapsíquicas que son las que en verdad determinan nuestras decisiones inconscientes.

Sólo quienes se atreven a recorrer las temibles cavernas del Infierno pueden conocerse a sí mismos. Claro que para salir indemne de la visita infernal es imprescindible viajar acompañado – como lo hace el Dante en la Divina Comedia – por algún Hermano Experto. Esto es, alguien que previamente estuvo allí… y regresó. Por que ninguno puede hacerlo solo.

El encuentro con Uno Mismo es la vivencia más temible y aterradora que la consciencia pueda imaginar.

Doctor Antonio Las Heras

Escritor. Conferencista. Lic. en Comunicación Social.Doctor en Psicología Social. Magister en Psicoanálisis Presidente de la Asociación Junguiana Argentina. Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Sociedad Científica Argentina