El amor ¿no muere? En la medida que viajamos a otras vidas, nos encontramos con personas conocidas, que ya han compartido con nosotros distintos acontecimientos en vidas pasadas. Han sido amigos/as, hermanos/as, padre, madre, hijo/a, sobrino/a o cualquier otro vínculo afectivo, que nos ayuda a entender nuestro “encuentro” en esta vida. Nos damos cuenta, en la regresión, que también viviremos nuevamente junto a nuestros seres queridos.

El alma no divaga y como no tiene ni tiempo ni espacio que la limiten, en su viaje resulta sabia y profundamente amorosa, ayudándonos a recuperar la sonrisa, la alegría y fundamentalmente, una mirada esperanzadora de nosotros mismos. Vinimos a esta vida a seguir avanzando, a seguir aprendiendo lecciones sobre el amor, la compasión, la caridad, la no violencia, la paz interior y la paciencia. Y en ese camino estamos todos.