Las situaciones de inestabilidad, complejidad e incertidumbre aumentan día a día. Mucha gente sufre por esto, afectándole no sólo el cuerpo con enfermedades, en especial las llamadas psicosomáticas; sino que perturba su mente quitando claridad en el pensamiento, arruinando relaciones afectivas recién iniciadas o bien otras que parecían sólidas, establecidas desde años. También, en cantidad de ocasiones causa la destrucción de la familia. Sucede que desde poco antes de mediados del Siglo Veinte comenzó a vivirse un estado que podríamos llamar de “previsibilidad”. Así, por ejemplo, quien ingresaba a los doce años de edad – ni bien concluía la escuela primaria – como cadete a una empresa llegaba a jubilarse – cincuenta años más tarde – como gerente de ventas en el mismo establecimiento. Proyectar un futuro seguro – tanto a mediano como a largo plazo – parecía posible. Lo mismo sucedía con las relaciones estables y duraderas de la familia. Roles claramente determinados que parecían nunca modificarse. La gente se convenció así que la vida humana era previsible, edificada con certezas hacia el futuro y seguridades adquiridas para siempre. Estaba instalada la idea de que la sociedad continuaría desarrollándose de ese modo tranquilo y sin sorpresas donde los imprevistos quedaban reducidos a algo insignificante. Se formó lo que llamamos una “programación psíquica” o “esquema de comprensión mental”. Algo que, de ante mano, es dado por supuesto. Esto funciona de la misma manera que cuando una persona se encuentra convencida de que “no puede”, sin siquiera haber intentado. De ante mano, “siente” la seguridad de que “no puede” hacer tal o cual cosa. Y asegura esto a quien quiera oírlo sin, siquiera, haber realizado un mínimo intento. Ello se debe a que hechos de la vida sucedidos en relación a otras personas le llevan a la creencia de que tal cosa es de “esa manera” y no de otra. Así sucedió con una forma de vida que llevada por la mayoría de los argentinos hasta hace, relativamente, poco tiempo. Era la “creencia” de que existía la vida sin mayores sobresaltos era factible.  Pero no es así. A lo sumo puede decirse que por un lapso breve, una parte de la Humanidad pudo actuar de ese modo. Pero durante los milenios previos si algo hubo no fue ni seguridad, ni previsibilidad, ni estabilidad. Es más, si algo hay de esencial en la condición humana es su capacidad para resolver situaciones inesperadas, encontrar respuestas para enigmas como aquellos que hacía la Esfinge y sólo Edipo consiguió responder y superar exitosamente todo tipo de adversidades. Esto ningún animal puede realizarlo, sólo los humanos tenemos esa capacidad. El mayor privilegio humano es ser la única especie que puede despertar en la Tierra, cada mañana, y sentir satisfacción al pensar: “¡Qué nuevos desafíos venceré hoy!”. Tal capacidad creadora permite hallar respuestas a toda situación nueva o inesperada por más compleja que se presente. Si fuimos capaces de imaginarnos viajando por el espacio y, un buen día, vimos por televisión hombres caminando en la Luna, ¿cómo no vamos a tener pensamientos, ideas y la sensibilidad necesarias para solucionar nuestros problemas cotidianos que son mucho menos exigentes que viajar al espacio? La cuestión es que son demasiados – todavía – quienes tienen su mente “mal programada”. Están imbuidos en la “creencia” de que el bienestar es asegurar el futuro. Algo que, en verdad, es de cumplimiento imposible. “Lo único inmutable es la mutación permanente que tiene lugar en todo el Universo” sentencia el Yi King. Y, Carl Gustav Jung  afirmaba: “De la seguridad y el sosiego nunca surgió un conocimiento nuevo”. El hombre del Tercer Milenio debe tener la certeza de que la única seguridad posible es la de confiar en su capacidad creadora para encontrar – siempre – respuestas adecuadas en el diario desafío de vivir.

Escritor. Conferencista  Lic. en Comunicación Social. Doctor en Psicología Social. Magister en Psicoanálisis Presidente de la Asociación Junguiana Argentina. Docente Universitario Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Sociedad Científica Argentina

www.antoniolasheras.com mail: alasheras@hotmailcom Facebook: Antonio Las Heras Twitter: @LasHerasAntonio. Telfax: 54 11 4371 4788