Según estudios realizados por los biólogos Karl Grammer y Astrid Juette en el departamento de Antropología e Investigación del comportamiento humano de la Universidad de Viena afirman que el olor del hombre es el factor más importante al momento de determinar si una mujer está interesada sexualmente en él, o no.

El olor podría ser la principal forma en cómo una mujer, literalmente, puede olfatear la compatibilidad genética de una pareja potencial. Cómo olemos es un tipo de expresión que revela nuestro sistema inmunológico.

Las mujeres prefieren a los hombres que tienen una huella de olor (llamada Complejo Mayor de Histocompatibilidad o MHC) distinto al suyo.

Una de las maneras en que la naturaleza asegura que logremos sacar la mejor descendencia posible es a través de la diferenciación de nuestros sistemas inmunes.

“La investigación ha demostrado que cuando las mujeres están en presencia del olor de su preferencia, son más propensas a proyectar sentimientos positivos a las personas a su alrededor, y aumentar la atracción”, menciona el Dr. Alan Hirsh, director de Smell & Taste Treatment and Research Foundation.

El poder de los besos

El flujo de copulina y de otras feromonas se produce, sobre todo, durante el ritual olfativo fundamental para ambos sexos: los besos. En este acto tan cotidiano, se intercambia gran cantidad de información genética: desde ese momento, nuestro instinto y el de la persona que hemos besado saben el grado de compatibilidad que existe, es decir, si los sistemas inmunológicos son compatibles para engendrar hijos sanos y longevos

Los genes MHC, que controlan la respuesta inmune y la resistencia efectiva contra los patógenos, han sido capaces de mantener un nivel extremadamente alto de diversidad alélica en todo momento y en las diferentes poblaciones enteras. Además de su papel en la función inmune, los estudios afirman que el MHC también participa en la elección de pareja para muchos vertebrados a través de señales olfativas.

Hay varias hipótesis propuestas que abordan cómo el MHC asociado a las preferencias de apareamiento podría ser adaptativa y cómo el MHC ha mantenido su enorme diversidad alélica.