Crítica “Campi, el unipersonal” Martín Campilongo, a través de cinco divertidos personajes, muestra su personal universo.

| Por María Ana Rago Especial Para Clarín

El ámbito de café concert es propicio para este espectáculo. La previa, entre picadas y cervezas, o entre café y algo dulce, va creando un clima ameno y favorable. El unipersonal de Campi está anunciado para las 21, pero arranca media hora después, cuando la mayoría de los espectadores ya ha llenado su estómago. Porque aunque la consumición no es obligatoria, el público cede a la tentación de pedir algo.

Es la segunda temporada de este show, que se presenta todos los viernes en el Velma Café (ubicado en Palermo Hollywood), y con el que este conocido actor volvió al unipersonal después de 10 años de no dedicarse al género. Pero del año pasado a éste, Campi aggiornó los monólogos, para que no perdieran actualidad, ya que la política es uno de los temas recurrentes de la puesta.

Suena la música bien arriba, el público acompaña con las palmas, se abre el telón y es entonces cuando Martín “Campi” Campilongo se enfrenta al desafío de entretener, durante una hora y cuarto, solo en el escenario. Para hacerlo, apela a su galería de personajes, algunos de los cuales ganaron popularidad a través de la televisión. Y sale airoso de esa misión, con monólogos divertidos que bucean en temas cotidianos, a través de criaturas reconocibles.
Se trata de un actor dúctil -logra transformarse con facilidad-, que asume cinco personajes que, con humor, presentan sus historias. Desde el fondo de la sala llega el primero, un taxista, el Turco, que se queja y opina de todo, y su materia preferida es la política. Es el que abre y el que cierra el show, con la camisa abierta, la musculosa debajo y un andar muy personal. La síntesis de su sabiduría, aunque peca de contradictorio, es: “Con honestidad y trabajo, sacamos el país adelante”.

Otro personaje es el famoso “rollinga”, Pucheta, que tira un chiste detrás del otro. Espera en la calle que lleguen sus amigos y mientras, “flashea” bajo los efectos de alguna droga. Delira, alucina y hace un relato que logra capturar la atención de la platea.

Después llega otra criatura conocida, Jorge, con sus pantalones altos y sus anteojos característicos, su mirada nostálgica, pero cargada de humor y un final de monólogo emotivo. “Cambia todo y te tenés que adaptar”, repite. Más tarde es el turno de “el pequeño”, que lleva la cara de Campi, pero el cuerpo de marioneta -la combinación logra un interesante efecto visual-. Nació en Parque Patricios, pero ahora vive en Nordelta y se sorprende al conocer a “un pobre en persona”. Por último, doña Beba -acerca de quien, en entrevistas, Campi declaró que era su abuela, “una gran puteadora”-, un personaje emparentado con mamá Cora (de Antonio Gasalla, quien colaboró en este espectáculo).

Con algunos monólogos más logrados que otros, apelando a textos ingeniosos y otros más trillados (aunque es justo decir que el nivel se mantiene bastante parejo a lo largo del espectáculo), y todas criaturas queribles, este unipersonal recurre a música, efectos de magia, al teatro negro y a los títeres.

Los cinco personajes comparten su lugar de origen, Parque Patricios. Y la afición a los latiguillos, que los definen. Pero además, el público se va enterando del modo en que la vida de cada uno de ellos se fue enlazando con las de los demás. Así, esta secuencia de monólogos se resignifica sobre el final como un cuento en el que todo tiene que ver con todo.

Cinco personajes oriundos de Parque Patricios. ¿Por qué? “Uno es del lugar donde pasó su infancia. Parque Patricios, para mí, es mucho más que eso”, reza el programa de la obra. Es así como Campi elige hablar de sí mismo, sin involucrarse del todo, a través de (como también dice el programa) “los mejores y más delirantes personajes de mi barrio”.

Campi, el unipersonal
ACTOR Y DIRECTOR Martín “Campi” Campilongo
Sala Velma Café, Gorriti 5520, los viernes a las 21.