Dice Sam Keen en su libro: Himnos a un Dios desconocido:

“Nos acosa un vacío. Nuestros corazones están configurados por algo que no nos ha ocurrido… todavía. Multitudes de buscadores modernos se sienten vacíos, deseosos de alcanzar plenitud del alma, y anhelan una chispa de inspiración capaz de encender en ellos una pasión que los eleve por encima de la mezquindad del ganar y el gastar, y que anime su mente, su corazón y su espíritu.

Ansiamos recobrar el sentido de lo sagrado, que en la actualidad se halla dolorosamente ausente de nuestras relaciones amorosas, de nuestras familias y de nuestro trabajo”

Satisfacción. Deseo. Quiero, quiero y quiero. Los deseos parecen ser infinitos. Estamos llenos a morir pero seguimos siendo insaciables. Comida. Sexo. Ropa. Amantes. Celulares smart tv. Y más, y más… pero siempre falta algo.

Pero pareciera ser que por mucho que tengamos nunca estamos satisfechos. El dolor no para, ni la angustia. Llegamos a violentarnos con nuestro intelecto y el espíritu. Concentramos la mirada en una pequeña verdad de un modo tan hipnótico que descuidamos las demás verdades. Como caballos enganchados en un carro avanzamos sin poder ver más que la angosta franja de realidad delimitada por nuestras anteojeras.

¿Y ahí viene el famoso: “me siento vacío” “me falta algo”.  No encontrarle el verdadero sentido a la vida nos hace caer en este tipo de afirmaciones.

La verdad es que no tengo la respuesta. Cada uno deberá buscarla en su interior. El tiempo, las preguntas, la curiosidad, la necesidad de auto superación les dará el “cómo” .

PM