Abre los ojos dentro de ti, en esta fascinante ciudad del corazón.

Mira a tu alrededor y contempla estas preciosas avenidas. Y mira cómo se acerca a ti la paz. Quédate quieto. Quédate muy, muy quieto, para que la paz pueda encontrarte. No te muevas. No te muevas…

Deja que se acerque, deja que te acaricie, deja que te envuelva.

Deja que ese maravilloso amor que nace en tu interior se acerque y te abrace. Quédate quieto… muy, muy quieto.

No te escondas en un rincón, en una idea, en un sueño. Sitúate en la calle más ancha, en medio del cruce más transitado.

Quédate a la vista, y quédate muy quieto.

No finjas haber desaparecido.

Este no es el momento… Cualquiera de los días que se te dan, es un día en el que puedes visitar la ciudad del corazón y no es momento de hacerte el tímido. No.

Es momento de estar visible, de estar tan presente como tu vida, como tu aliento. Estar presente.

Tu existencia está a la luz, no escondida bajo una roca en la montaña.

No se esconde bajo la hierba en medio de un frondoso bosque.

Está aquí, es una clara realidad. Tu búsqueda también es clara, siempre lo ha sido… y sigue persiguiendo su anhelo.

Y la magia más magnífica, el mayor de los milagros ha tenido lugar: se te ha dado la vida.

Se te ha dado la vida para que esto pudiera ocurrir. Para que esto pudiera manifestarse.

¿Qué es esta vida? No la menosprecies.

¿Qué es esta existencia? Te diré lo que es esta existencia.

Es bastante especial. ¿Sabes por qué? Porque es un puente; es un puente increible entre lo finito y lo infinito.

Aquí es donde ocurre.

Aquí es donde los dos se encuentran.

Este es el umbral donde ambos pueden encontrarse, donde lo inmortal puede experimentar la inmortalidad.

No hay ningún otro lugar.

Prem Rawat


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